Se deberían de analizar las causas de esta delincuencia juvenil, el mayor detonante de estas situaciones, lo cual sería aconsejable y necesario.
Quizás tenemos niños con demasiada libertad y pocas responsabilidades, o niños maltratados psicológicamente, con un nivel de exigencia inadecuado para su edad, o con poca atención por parte de los adultos.
Todas estas situaciones conducen al mismo sitio: niños con altas posibilidades de tener problemas en un futuro no muy lejano.
No siempre es así, eso hay que tenerlo claro, pero si estamos ante un menor que ha cometido un delito,
sea del tipo que sea, y empezamos a indagar un poco en su vida veremos
que no todo es perfecto, aunque debemos partir siempre de la base de que
no existe la fórmula adecuada para educar a un hijo, y que la situación
flojeara por un lado o por otro, conduciendo en ocasiones a situaciones
realmente graves.
Cada país tiene su propia legislación al respecto, más o menos dura, prestando más atención a unos aspectos o a otros.
En nuestro país la legislación actual en materia de menores se puede interpretar de diferentes maneras, pero la conclusión será siempre la misma sobre la delincuencia juvenil:
no es una ley sancionadora sino reparadora, intentando que el menor
delincuente recapacite sobre las acciones ejecutadas y salga del
internamiento (o de la medida impuesta) con el firme convencimiento de
que actúo mal.
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